Gnosis tiene una respuesta que dar. Pero se trata ahora de saber si el alma caída puede entender aún la respuesta de la Gnosis. Ésta es la gran prueba psicológica: ¿Puede nuestra alma entender el lenguaje de la Gnosis, o no? En el momento psicológico, la Gnosis dice al candidato: "¡Sé sabio como las serpientes!". Y entonces hay que esperar si se produce una reacción o no. "Sé sabio como las serpientes". ¿De qué serpiente se trata? ¿No se alude aquí a los dos principios psíquicos en el hombre? ¡De ninguna manera! Se alude a la radiación misma de la Gnosis, a la serpiente de oro del verdadero espíritu divino, y ningún sacerdote auténtico tendrá la audacia de modelar estas serpientes con uno u otro metal para adornarse con ellas. Esta radiación espiritual, estas llamas ígneas del espíritu aparecen también en dos formas. Con la primera despierta al nuevo Adamas, con la segunda a la nueva Hevah, es decir, a los dos aspectos del alma nueva "que está ante Dios". Estos dos contactos se presentan también a veces como los serafines y los querubines, como las serpientes de oro y los grifos, los animales alados de los misterios. En los viejos mitos persas, el grifo es el animal de los misterios que cuida de la montaña de oro. Si el alumno puede entender aún la llamada de la Gnosis, se vuelve hacia la montaña de oro del espíritu de donde viene la ayuda. Y entonces, al acercarse a la montaña sagrada de la bienaventuranza, clama con voz fuerte: "Mi auxilio viene del Señor que ha hecho todas las cosas". En cuanto ha pronunciado este mántram, los guardianes de la montaña, los misteriosos grifos y los querubines se colocan a su alrededor. Uno de ellos se lanza sobre él con la rapidez y el resplandor de un relámpago, desgarrándole el pecho y cauterizándolo con un intenso calor en el sistema del fuego de la serpiente. Quien es tocado así por el fuego del espíritu oye un violento trueno y, en medio de este estruendo ensordecedor, una voz le dice: "Hijo del hombre e hijo de las serpientes, mira, yo te envío como oveja en medio de los lobos; sé sabio como las serpientes".
El alumno se aparta entonces de la montaña de oro ya que el tiempo de su ascensión aún no ha llegado. Se vuelve de nuevo hacia el valle y se va como una oveja en medio de los lobos, con los brazos cruzados sobre la herida ardiente infligida por el grifo. Y ahora se coloca como servidor bajo la nueva ley. Esta nueva ley dice: "No vayáis con los paganos -éstos son los indiferentes- ni entréis en la ciudad de los samaritanos - éstos son los simuladores-. Id más bien hacia las ovejas perdidas, es decir, hacia aquellos que, en razón de su naturaleza fundamental, pueden ser auxiliados y salvados. Id y predicad diciendo: El Reino de los Cielos se acerca. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, arrojad a los demonios";
dicho de otra manera: atacad todo lo que es de la dialéctica.
"No toméis ni oro ni plata ni cobre en vuestro cinto, ni saco para el viaje, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón. Porque el obrero merece su alimento." Esto significa que no se deje llevar por el instinto de posesión dialéctico, aunque fuese para la alimentación cotidiana. No aspire a ninguna posesión, ya que todo servidor del Reino de la Luz recibe lo que necesita.
"Cuando entréis en una ciudad, informaos de alguna persona digna de recibiros y morad con ella hasta que partáis. Al entrar en la casa saludadla. Si la casa es digna, vuestra paz descenderá sobre ella; si no lo es, vuestra paz volverá a vosotros. Y si no os reciben o no escuchan vuestras palabras, salid entonces de esa casa o de esa ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies."
"Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y en sus escuelas os azotarán... Y si os persiguen en una ciudad, huid a otra. En verdad os digo que no acabaréis de recorrer todas las ciudades antes de que el Hijo del Hombre venga." Así habla la sagrada ley al peregrino llamado. Y cuando el trabajador se comporta de acuerdo con esta ley, el antiguo hombre en él, las dos serpientes de la traición de la naturaleza serán destruidas. El auto-sacrificio endurístico es un sacrificio al servicio de la humanidad. Y aunque el alumno sabe que acaba de empezar apenas el trabajo, aunque sabe que aún dirige sus pasos penosamente de ciudad en ciudad, de hombre en hombre con la buena nueva: "¡Hora est!, el Reino de los Cielos se acerca", aunque es consciente del larguísimo camino que tiene que recorrer todavía; a pesar de todo ello, súbitamente, como por un milagro, sucederá que se encontrará de pronto en la montaña de oro en medio de los serafines y los querubines, cara a cara con la Santa Omnipresencia, oyendo las palabras que ningún oído humano oyó nunca. "Sé sabio como las serpientes". Ésta es la llave del camino.
¿De qué manera deberá recibir usted esta sabiduría? ¿Cómo deberá utilizar esta llave? La respuesta a esta pregunta le es dada en la Escuela Espiritual de la Rosacruz moderna. El acto mismo de dar estas respuestas justifica la razón de ser de la Escuela Espiritual. Contestar a estas preguntas es el deber sagrado de la Escuela. Y si un trabajador olvida aunque sólo sea una vez esta misión, falta a su deber.
Usted conoce por el Antiguo Testamento la historia del pueblo judío y la historia del alumno en el camino allí contenida. En la Escuela Espiritual, los candidatos voluntariamente decididos a hacer el viaje son conducidos fuera de Egipto, a través del desierto, hacia la Tierra Prometida. Usted conoce esto. Durante años le hemos estado haciendo ver y experimentar la dialéctica como un antro infernal, e invitándole a emigrar hacia la vida nueva. Es un viaje a través del desierto, ya que necesita dejar atrás todo lo que le ata al antiguo Egipto.
Es evidente que dicha marcha a través del desierto acarrea dificultades particulares y específicas; tensiones y conflictos que ningún alumno puede evitar; complicaciones que hacen decir a algunos con un suspiro: ¿qué he emprendido yo aquí?, y que de vez en cuando les hacen desear regresar hacia las preocupaciones más corrientes de la vida dialéctica habitual.
Por eso, lo que leemos en Números (capítulo 21) es completamente correcto desde el punto de vista psicológico. Los peregrinos del desierto, en camino hacia el paso del Mar Rojo, se ponen a protestar diciendo a Moisés: "¿Por qué nos has sacado de Egipto? ¿Quieres que perezcamos en el desierto? Pues no hay aquí ni pan ni agua, y estamos hartos de esta mísera comida." Y está escrito que el espíritu que guiaba al pueblo envió después sobre ellos serpientes venenosas, de modo que perecieron. Hay que entender bien el sentido de esta descripción. Todo peregrino del desierto se encuentra, en el sentido de los misterios liberadores, en un estado de transición. No es totalmente dialéctico, pero tampoco es un hombre nuevo o lo es en escasa medida. En este estado existe aún un dominio muy fuerte de las fuerzas inferiores que ponen todo en acción para mantenerse, pero al mismo tiempo hay cierta receptividad para las fuerzas de la Gnosis.
Si el alumno reacciona a las sugerencias de la Gnosis, es evidente que la hostilidad de las fuerzas inferiores se hará más y más intensa. Si el alumno escucha las voces de la antigua naturaleza, entonces las sugerencias de la Gnosis se vuelven para él como serpientes venenosas, ya que las vibraciones del fuego de la Gnosis encuentran un terreno profundamente discordante, puesto que, debido a la decisión tomada de recorrer el camino del desierto, este terreno se había abierto a la Gnosis.
Por ello, durante esta fase de su desarrollo, el alumno se encuentra entre dos fuegos. Tiene que escoger entre la hostilidad de la naturaleza y la muerte espiritual. Un término medio es absolutamente imposible. Por esto el alumno en este conflicto se hace la pregunta: "¿Qué debo hacer?" Entonces es confrontado con la serpiente de cobre que está clavada en la cruz. Si un alumno es mordido en el desierto por la serpiente de oro del espíritu y se coloca ante la serpiente de cobre mirándola de frente, entonces conservará la vida.
Usted comprenderá ahora este lenguaje figurado. Colocarse ante la serpiente de cobre y mirarla de frente mientras está atada a la cruz significa: crucificar el potencial del alma en uno mismo hasta que muera, es la destrucción definitiva del dominio de la naturaleza sobre el hombre.
Si uno no se coloca de este modo ante la serpiente de cobre mirándola resueltamente, pero sí abre su ser a la serpiente de oro del espíritu, es decir, si quiere servir a dos amos, a Dios y a Mammon, al espíritu y a la naturaleza, la consecuencia será que su contacto con el espíritu será cortado. Ésta es una muerte mucho más espantosa que la muerte natural, la cual sólo es un incidente.
Cuando el alumno resuelve este gran conflicto del desierto en beneficio de la llamada del espíritu; cuando consigue ganar la verdadera victoria en esta gran tentación, el huevo de oro de la serpiente es depositado en él. Recibir el huevo de oro de la serpiente significa obtener la prueba fundamental y estructural del comienzo de un segundo nacimiento. El huevo de oro de la serpiente se refiere al desarrollo de un aura nueva en el interior del campo microcósmico.
En esta aura están concentradas todas las fuerzas de la nueva génesis humana, bajo la dirección de la chispa de espíritu despierta. Y a medida que desaparece la antigua aura con todo lo que contiene, la nueva aura, el "aura dorada", se vivifica y se refuerza.
En un momento dado viven dos seres en el microcosmos: el hombre viejo que recorre el camino de la endura, Juan, y el hombre nuevo que vive la Manisola, Jesús. Y donde los dos se encuentran, Juan dice refiriéndose a Jesús: "Él debe crecer y yo debo menguar".
Esto es también lo que las "Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz" tratan de aclararle. El ave está preparada para el sacrificio de sí misma; y podemos estudiar cómo el nuevo rey y la nueva reina, el nuevo Adamas y la nueva Hevah, es decir el alma nueva, nacen del proceso alquímico.
El nuevo rey es denominado por el hermano juanista "su padre", porque es él de hecho quien le ha liberado, quién le ha hecho renacer por su ofrenda de sí mismo, con el pan, el agua y la sal, es decir, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Quienes son acogidos de esta forma en este doble y maravilloso proceso alquímico y así se han ennoblecido hasta volverse caballeros de la Piedra de Oro, han de prestar la siguiente promesa:
"Vosotros, caballeros, debéis jurar que nunca someteréis vuestra Orden a ningún demonio o espíritu, sino que la consagraréis exclusivamente a Dios, vuestro Creador, y a su servidora, la Naturaleza; que aborreceréis toda impiedad, indignidad e impureza y que no mancillaréis vuestra Orden con tales vicios; que vosotros sólo ayudaréis con vuestros dones a quienes son dignos de esta ayuda y la precisan; que no anhelaréis hacer uso de ellos con el fin de obtener fama y honor mundanos; que no desearéis vivir más tiempo del que Dios os haya concedido.
¡Sed, pues, sabios como las serpientes!"
¡Que quien pueda comprender, comprenda!
LA GNOSIS UNIVERSAL
Por
JAN VAN RICKENBORGH Y CATHAROSE DE PETRI
